Lamidas

Por: EVE GIL
En la escritura de Daniel Sada, refiriéndonos concretamente a su más reciente novela, Casi nunca, convergen los grandes momentos de la literatura mexicana, sin dejar de lado, claro, reminiscencias proustianas y jamesianas. Casi nunca es una especie de oüija cuyo oráculo reúne a Azuela, a Rulfo, a Arreola, a Revueltas, a Ibarguengoitia… incluso, y por citar a un contemporáneo, a David Toscana, con quien Sada tiene en común su inclinación por personajes, digamos, patéticos, siendo este inmune –a diferencia de Toscana- a cualquier tipo de ternura y simpatía hacia ellos. Y en Casi nada se muestra particularmente despiadado: ninguna concesión al “grandullón” Demetrio, ni a la desesperante –y silviapinalesca- Renata… menos aún a las madres, biológicas o usurpadoras, ¡tres en total!, que reproducen lo peor del manual de la sacrosanta cabecita blanca mexicana-chantajista, desde Prudencia Griffel, pasando por doña Sara García y Silvia Derbez. Se permite Sada cierto conato de ternura por Mireya, la prostituta abandonada a su suerte -¡embarazada!- en la estación de tren de un pueblo polvoriento, y sin embargo, como decimos en el norte –y Sada es dos veces norteño, nacido en Mexicali y criado en Coahuila-, “se muerde un testículo” para no ceder. Cuanto se permite hacer por Mireya es agobiar de remordimientos al grandullón, quien a su vez es otro personaje-tipo, incluso actual: los Demetrios, hijitos-de-mami, no dan señas de querer convertirse en especie en vías de extinción.
El que una novela como Casi nunca haya ganado el Premio Herralde de Novela 2008, resulta harto significativo. Por tratarse de una novela mexicana, en primer lugar. Sí, dije mexicana y no fronteriza. Aunque como en Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, su más arriesgada novela, Sada echa mano de regionalismos diversos, sin contar los arcaísmos y neologismos que merecen mención aparte, ingrediente básico de la peculiar prosa sadiana, resulta imposible “buscarle chichis a las gallinas” respecto a la mexicanidad de la premiada novela. Sada ha determinado el periplo de su protagonista entre Oaxaca y Coahuila, por lo que en Casi nunca los contrastes que nos caracterizan se dan la mano. Aficionado a los congales, Demetrio oscila entre las frondosas y fogosas putas oaxaqueñas –de allí la ingenua Mireya, a la que saca con promesas de matrimonio- hasta aquellas, ocultas entre nubarrones de polvo y ponzoña de víbora, pellejudas, mal encaradas y ataviadas con un delantal que facilita la labor al -¿asqueado?- cliente. Pero la razón más fuerte por la que afirmo que Casi nada es una novela mexicana… más aún, la más mexicana que se ha escrito desde… ¿Pedro Páramo? No entremos en honduras: Casi nunca es la novela más mexicana que he leído en mucho tiempo. Exhibe como ninguna la idiosincrasia del mexicano promedio, tan rodeado de santos y tan lejos de Dios; tan caliente y tan dado a colocar de espaldas al sacro regimiento para no ofender con su lascivia al Cielo… y lo narra con una causticidad que su singular dominio del lenguaje convierte en multicolor bofetada. Supongo que para los lectores españoles causará un efecto semejante al de Balas de plata, de Élmer Mendoza: el de un mundo pintoresco, surrealista. Un mundo de libro: petrificado en hábitos mecánicos, irreflexivos, absurdos. A un lector extranjero debe parecerle sumamente complejo, por no decir delirante, el contorsionismo moral en que incurren los personajes de Sada para hacer las cosas “como Dios manda”, y caiga quien caiga.
Los lectores mexicanos, por otra parte, nos veremos brutalmente reflejados –se verán, al menos, lectores de generaciones pasadas o que, como el propio Sada, provengan de una conservadora familia “de provincia”-. Sada hace de los pormenores de la “juventud productiva” de Demetrio verdadera Odisea (con mayúscula) en la que los mares –desiertos en este caso –parecen confabulados para estorbarle su retorno a Ítaca: es Demetrio quien canta al oído de las sirenas, resumidas por Mireya, y se ve inmerso en la trampa de su calentura de la que la única escapatoria posible es –nunca mejor aplicado el término- poner pies de polvorosa. El “enculamiento” por Mireya no lo hace perder de vista la posibilidad -¿ansia de estatus? – de ser “hombre de bien”, o lo que los convencionalismos tienen por uno, particularmente después de haber conocido a una deliciosa damita casadera de deslumbrantes ojos verdes llamada Renata…¡otro caso!: viviendo en un polvoriento pueblo –aquí todo pueblo lo es- del fondillo de Coahuila; hija menor de una madre celadora que se ufana de haber casado “como Dios manda” a las hermanas mayores de Renata y no tiene –aunque no lo declare- la mínima intención de dejar ir a su última palomita, ve en Demetrio la oportunidad dorada para huir de esa madre castradora y del pueblucho. Renata, sin embargo, resultará Penélope harto peliaguda, acaso demasiado estricta con el infeliz Demetrio que ya ha cometido mil atrocidades con tal de estar a su lado… al lado de la virgen pura con la que se supone ha de casarse un joven emprendedor y con ambición. Justo cuando la aventura parece haber llegado a su fin y Demetrio llega con un fajo de billetes para cumplir la promesa hecha a la joven que escribe cartas rosadas en vez de tejer colchas… viene el inolvidable episodio de la lamida. Inocente lamida que echa por tierra la torre de naipes de la decencia. Lamida que pudo haber sido recibida con risas y hasta con cierto júbilo por una prometida menos encorsertada moralmente; menos propensa a confundir los besos con miedos, pero Renata, hija de mamá a fin de cuentas, monta pancho de antología y rompe el compromiso. Vuelta a empezar: Demetrio deberá reconquistar a la ofendida virgen… y a la madre, por supuesto. El desierto se lo vuelve a tragar para vomitarlo más macho y más caliente… y más soberbio.
La anécdota, a simple vista, parece, sí, de risa loca, básicamente simple. Créanme: Sada logra que no lo sea, más aún, se empeña en hacer experimentar al lector –y a la lectora- el agobio, la angustia, la impotencia, la rabia… y hasta el polvillo metido en las partes pudendas tras días y días de deambular por el desierto, huyendo de la desgracia que supondría casarse con una prostituta en vez de con una señorita decente. Maestro en el arte de hacerte sentir la lentitud, la acedia, el sofoco, lleva cuenta de los años transcurridos en medio de la –insisto-Odisea de Demetrio: 1947, 1948, 1949, “(…) para qué humillarse si toda humillación no deja de ser extravagante”. Tratándose de Daniel Sada las cosas, pues, no son tan simples. No lo son, de hecho. Casi nada, en la misma sintonía de Porque parece mentira la verdad no se sabe, o Ritmo delta, feroz farsa del mundillo editorial, es una solidísima arquitectura verbal que, más que contar una historia, la va desmontando ante los maravillados ojos del lector que casi se siente salpicado por la saliva de cada palabra nueva (o que parece nueva).

Casi nunca
Daniel Sada
Anagrama
Narrativas Hispánicas
Barcelona, 2008

Antología mínima del orgasmo/ 52 autoras compiladas

Antología mínima del orgasmo, publicada por Ediciones Intempestivas, es una reunión de mini cuentos que, como su título indica, tienen por eje temático el orgasmo femenino. Cincuenta y tantas autoras de diversas edades, procedencias y tendencias pusieron su granito de arena para la realización de este libro pequeño pero sin duda histórico, ideado por los escritores y editores oriundos de Monterrey, N.L Héctor Álvarado y Livier Fernández. Las autoras incluidas son: Amanda Durán, Amaranta Caballero, Amélie Olaiz, Ana Clavel, Ángela Hernández, Ángela Montero, Brenda Ríos Hernández, Carla Zurián de la Fuente, Claudia Guillén, Coral Aguirre, Cristina Rascón Castro Elena Méndez, Elia Martínez Rodarte, Elizabeth Neira, Estrella del Valle, Eve Gil, Francesca Gargallo, Gabriela Aguirre, Gladys González, Glafira Rocha, Guadalupe Ángeles, Ía Navarro, Isabel Gómez, Jane Adcock, Judith Castañeda Suari, Karen Hermosilla, Leticia Herrera, Liliana V. Blum, Lina Zerón, Livier Fernández Topete, Lucía Yépez, Magali Velasco Vargas, María Belmonte, Maricela Guerrero, Martha Baranda Torres, Matilde Pons, Mayra Luna, Minerva Reynosa, Montserrat Hawayek, Nadir Chacín, Odette Alonso, Orfa Alarcón, Patricia Laurent Kullick Reina Marína Rodríguez, Rosina Conde, Sayak Valencia Triana, Tanya Sandler, Teresa Dovalpage, Vizania Amezcua, Ximena Sánchez Echenique y Zaira Espinosa.
Quien esté interesado en obtener un ejemplar, favor de ponerse en contacto con los editores por correo electrónico: half.projects@gmail
Me permito reporucir aquí mi contribución a este volúmen.


LA POLTRONA
Empezó como supongo empiezan todas las niñas: jugando.
La culpable: la poltrona nueva de mi abuela. Eran dos: la suya, donde se instalaba a ver las “novelas” en televisión. La otra: la de los invitados, que yo acaparaba a esa hora de la tarde.
A los nueve años no es fácil acceder a los muebles antiguos. Desde la primera vez que lo intenté, al deslizarme hasta el respaldo, experimenté algo nuevo… inquietante. Algo que, intuía, debía llevar a alguna parte. Así que, mientras mi abuela estaba inmersa en sus “novelas”, se me hizo hábito resbalarme de a poquito para volverme a trepar entre aquellos toscos brazos. Otra vez la sensación proveniente de algún lugar oscuro y recóndito de mi cuerpo. Algo que no entendía, porque la palabra placer no forma parte del vocabulario básico de una niñita.
Mi abuela nunca malició sobre mi maña de treparme en la poltrona nueva, con su asiento duro y rasposo, y proceder a balancearme de manera casi sensual, frotando la innombrada zona de mi cuerpo con la superficie rugosita.
Un día sucedió lo que tenía que suceder: quedé batida tras una especie de explosión interna que por poco me hace gritar. Tuve que morderme el labio a sabiendas de que no era algo usual, mientras experimentaba aquella inundación entre mis muslos. Algo se me ha roto, pensé, y la agüita se había filtrado por entre las rendijitas del asiento, que ya chorreaba por debajo. Disimuladamente me cercioré de limpiar el estropicio utilizando mi propia falda –y sin meter las manos- y mi abuela, absorta en sufrimientos ajenos, no volteó ni una vez. A continuación me fui a cambiar y me apresuré a arrojar la prenda culposa en la cesta de la ropa sucia. Antes me cercioré de olerla: nada.
Nunca más me senté en aquella poltrona y opté por sentarme en la orilla de la cama, aunque experimentaba una especie de envidia cuando alguien más la ocupaba para hacerle compañía a mi abuela.
EVE GIL

SE BUSCAN

¿Los ha visto?
Estas personas, por hoy prófugas de la justicia -se sospecha andan por territorio estadounidense o canadiense porque la aristocracia sonorense, por naquez o por tacañería, o una mezcla de ambas, no pasan de territorio americano y la compra semanal la realizan en Tucsón- son los propietarios del bodegón-guardería, improvisada con material flamable, sin salida de emergencia ni extintor, donde hasta el pasado 5 de junio se hacinaban 200 bebés, 48 de los cuales murieron en un incendio y otros diez supervivientes habrán de sobrellevar el resto de su vida secuelas que van desde quemaduras en gran parte de su cuerpo, hasta graves disfunciones pulmonares que minarán considerablemente su calidad de vida.
Acusados de negligencia criminal, estos personajes, lejos de entregarse a las autoridades para ofrecerse reparar los daños hasta donde sea posible o purgar la condena que les correspondería por una elemental cuestión de ética y/o conciencia cristiana, que solían ostentar a través de diversas oportunidades, inmortalizadas en las secciones de Sociales, donde recibían solemnes la bendición del Arzobispo, han huído del país como lo que son: unos cobardes y unos asesinos. "El que nada teme, nada debe" Estos, a todas luces, estaban concientes de los riesgos que sus "clientes" corrían merced a la avaricia y ambición de quienes lucraron con la necesidad de las madres trabajadoras.
Nombres y descripción de los próugos, por estricto orden alfabético:
Escalante Hoeffer, Alfonso: Tipo "sanote", sonrosadote, ojiverde, signo de pesos en la mirada, hoyuelos en las mejillas, producto de la madurez tardía, botas muy caras (para mayores señas: acude al mismo cocodrilero del ex presidente Fox), espuelas Yves Saint Laurent, barbita de candado (aunque quien quita y se haya rasurado los pocos pelos para no ser molestado), papada de emperador romano. Señas particulares: carga muy a huevo a sus hijos, apenas que haya una cámara adelante. Cónyugue de la también prófuga Sandra Téllez Nieves.
Gómez del Campo Zavala Tonella, Marcia Matilde Altagracia: no dejarse engañar por su nombrazo digno de emperatriz belga de los tiempos del romanticismo. La doña, quien por cierto es tía o sobrina -no se sabe a bien- de la primera dama de la nación, y se le asemeja bastante en lo fodonga, es la típica señorona afectada que no permite a sus vástagos comer dulces ni chicharrones porque el colesterol y la diabetes son enfermedades de "gente baja" y tampoco los deja jugar en la tierra porque, dice, no deben ensuciar su ropa de marca ya que no está dispuesta a comprarles una nueva, si es que la "muchacha" no consigue sacarle toda la mugre. Señas particulares: gesto de hacer fuchi (aunque quien sabe si se le habrá alterado por el susto o la más reciente cirugía plástica), mirada fija en el piso, ademanes nerviosos y acento "popillo"
Salido, Antonio: Mejor conocido como "el Tony" o, más recientemente, "el Pilatos", quién sabe por qué. Estatura de sonorense promedio (1.75-1.80), unos 120 kilogramos de pura tortilla sobaquera y tamales de niño envuelto, grandes entradas, ojillos de águila rapaz, papada pronunciada (en realidad, este rasgo es común a todos los prófugos), tiende a ataviarse como John Travolta en sus años mozos, andar jactancioso (aunque quien sabe si ya le habrá cambiado el pasito tun-tun), suele usas cinturones de hebilla ancha. Cónyugue de la antes citada Marcia Matilde Altagracia. Señas particulares: gesto paranoide, típico de los que cargan un niño muerto en la cajuela de su auto.
Téllez Nieves, Sandra: Maquilladísima, chapeteada, sonrisa ladeada (otro rasgo común a todos los prófugos), usa lápiz labial Paloma Picasso, les cuelga hasta foquitos a sus infortunados mellizos, quienes, si Dios es justo, le echarán en cara a su mami traerlos jaloneando por todo territorio estadounidense y someterlos a régimen Burguer King (con cajita sorpresa) con tal de no enfrentar su responsabilidad ni -¡horror!- pagar las que debe, sobre todo en metálico. Se le conoce con los sobrenombres de "la Sandy", "la Yoyis", "mamá gallina" y "La Madrastra". Señas particulares: no saca el monedero ni de chiste, siempre le dice a la "muchacha" -a quien, por supuesto, se llevó de aventura para que la ayudara a lidiar los buquis-que pague los helados. Dicen que le ha dado por disfrazar a los mellizos de Batman y Gatúbela para que no les reconozca, mientras ella usa gafas Chanel, las popularmente conocidas como "ojos de mosca" que son las de armazón más ancho.
Urquídez Serrano, Gildardo: Pariente incómodo del malogrado candidato del PRI a la gubernatura del Estado de Sonora, Alfonso Elías Serrano. Éste, dicen, se largó sin la vieja y sin los buquis. Las fotos lo muestran con gesto prepotente y satisfecho, pues hasta antes de la demoledora derrota de su primo en los comicios se creía impune, pero como resulta que repartir i-pods entre los ciudadanos sonorenses no bastó para perdonarle al Vaquerito la herejía de ser pariente de quien es, ahora anda escondiéndose en algún lugar ignoto de la geografía estadounidense. Físicamente similar al Vaquerito, pero sin sombrero stetson y sin botas, porta gafas ejecutivas de armazón liviano. Papada pronunciada y sonrisa ladeada. Inconfundible aire de junior, se le huele a varios metros de distancia.
Nivel de peligrosidad de los prófugos: alto. Son capaces de asar niños si hay dinero de por medio, mínimo, de improvisar un hormiguero o una madriguera para hacinar bebés en ellas y cobrar bastante caro por el "servicio" En los niños ven un producto, un medio o, en el caso de sus propios hijos, un requisito cumplido ante la sociedad, una obligación biológica de perpetuarse propia de la gente de su clase y, sobre todo, sucesores y herederos, aunque, en este caso, habrán de heredarles ignominia, bajeza, cobardía... y 48 muertes que nadie nunca les permitirá olvidar, así se escondan en el más remoto iglú de Alaska.
A T E N T A M E N T E
Todos somos padres de los niños sacrificados de Hermosillo y exigimos justicia!!!!

El rey ha muerto... viva el rey

La expresión del todavía gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo, lo decía todo: impotencia, dolor, frustración… furia contenida: lágrimas.
La expresión que debió ostentar, qué curioso, cuando se suscitó la tragedia de la guardería ABC que él manejó como si se tratara de un asunto molesto y fastidioso, que podía resolverse con un pequeño soborno para los afectados.
Durante su más reciente conferencia, en la que se manifestó respecto al inminente triunfo del candidato panista a la gubernatura, Guillermo Padrés Elías, Bours atribuyó el estrepitoso fracaso de su “gallo”, Alfonso Elías Serrano, a que “la gente no salió a votar” y “al manejo que los medios insistieron en darle al asunto de la guardería”. Lejos de legar para la posteridad un último rasgo de dignidad, Bours no reconoció que fue su reprobable actitud y no otra cosa, lo que impulsó a los sonorenses a darle la espalda en las urnas y otorgarle el ominoso título de “último gobernador priísta de Sonora”
Mucho se insistió en los medios del “arrasador triunfo” a nivel nacional del PRI, el partido que no hace ni ocho años nos ufanábamos de “haber sacado de Los Pinos”, y le restaron importancia a este, su más vergonzante fracaso de la jornada electoral: un gobierno de larguísima tradición priísta ininterrumpida de casi 80 años, abandona el poder con el rabo entre las patas y el sino de Herodes el Grande en el recuerdo de los sonorenses. Algo que ni en mil años conseguirán olvidar.
Bours nunca reconoció –y sigue sin reconocer- su injerencia en la tragedia que arrebató 48 vidas inocentes: sacarle la vuelta al bulto, proteger como leona a sus cachorros a su parentela, entre quienes se encuentran los responsables de esta negligencia criminal; facilitarles la salida del país para que no se les tocara con el pétalo de una rosa, encarcelar inocentes y tratar de sobornar a los padres afectados para que desistieran de demandar… y sin embargo, según él, quienes perpetraron su caída y la de su “delfín”, fue el abstencionismo y la saña de los medios de comunicación.
En una cosa tiene razón: el gobierno federal sacó raja del asunto. Vieron en la tragedia de la guardería una especie de tabla que podría salvarlos de zozobrar en medio del pavoroso desastre marcado por la violencia de una “guerra contra el narco” que más bien es una guerra contra el pueblo… pero tan culpable y escupible uno como el otro, y el electorado se los hizo pagar a través de un voto a todas luces de castigo.
De cualquier forma, para ser objetivos, Padrés Elías se presentó desde el principio como un candidato infinitamente superior al llamado “vaquerito” Elías que, para empezar, le arrebató la candidatura al que legítimamente reclamaban los sonorenses a voz en cuello: Ernesto Gándara Camou. La experiencia política de Padrés, sin contar su discurso vitalista y refrescante y su sonrisa sin afectación, superaba por mucho las frases hechas y manidas y la pretendida pose de “hombre-de-campo” con que el candidato de los i-pods pretendió seducir a los votantes.
En cuanto a la alcaldía de Hermosillo, gana el natural sucesor de Gándara Camou: su primo hermano Javier Gándara Magaña, no importando pertenezcan a partidos distintos. No se trata, como se ha dicho en los medios del DF, de una manifestación de repudio contra el hasta hoy muy querido alcalde de Hermosillo, sino justamente lo contrario: Gándara no le gana a su pariente, sino al Pano Salido, ese muchachote sonrosado e insensible, muy parecido físicamente a aquel Gastón que plantó un relojote y salió cargado de billetes del Palacio de Gobierno. la única credencial del Pano: haber servido a la televisora enquistada en el poder.
Por cierto: será sumamente divertido presenciar la “metamorfosis” de Telemax que se verá obligada, de la noche a la mañana, a servir al “enemigo”. Esto, y la larga hilera de suspirantes a hueso, entusiastas firmantes de cartitas de apoyo al Vaquerito, que se negaron a apoyar a los padres de los niños siniestrados en las diversas marchas, lloran ahora en las esquinas, como niños regañados. Ni quien los salve de tener que buscar, ahora sí, una chamba decente y renunciar a sus sueños guajiros. Quien quita y el vaquerito, muy agradecido él, los enseñe a arrear vacas… chamba, por cierto, muy honesta.
Todo lo anterior debe haberles enseñado una gran lección: ponerse del lado de los débiles, y no de los poderosos. El poder es efímero… y si no, pregúntenle al emperador Claudio, a quien un error táctico le bastó para hundir para siempre al gloriosísimo Imperio Romano.
Ah, y se los dice alguien que vive en el DF, no tiene la menor intención de pescar chamba en Sonora y por lo mismo no tuvo el placer de votar por Padrés (aunque sí por uno de los pocos candidatos perredistas que perdieron en esta ciudad: Bernardo Bátiz)
El rey ha muerto… viva el rey…

Esto es lo que pasa cuando lastiman a nuestros hijos...

Arturo Soto Munguía
EL Zancudo
(No mata, pero hace roncha)

Preludio del día después

I
Otra vez aparecieron los niños de Hermosillo.
Frente a la guardería ABC, acordonada con plástico amarillo. Con sus boquetes abiertos y ennegrecidos, sus escombros chamuscados, sus recuerdos terribles, aparecieron.
“El pueblo pide justicia”, reza el cartel que un anciano ha pegado en el carrito de paletas. Flaco y empobrecido, luchón y solidario, el señor parece decir que no está ahí sólo para vender paletas.
Otra vez aparecen, Los Niños de Hermosillo.
Con sus sonrisas luminosas, invencibles y poderosas; capaces de convocar a miles y miles a tomar la calle y estremecerla con la silenciosa multitud de sus pasos cansados. Porque la tristeza pesa mucho.
La marcha sale con el murmullo de un arroyuelo. Y va creciendo. A cada cuadra, va creciendo, creciendo, creciendo, creciendo hasta terminar como mar embravecido.


II
Otra vez los tambores que le dan un aire aún más fúnebre a la marcha, como si no bastara el llanto que se multiplica en las calles, las banquetas, las ventanas, los portales y los porches de las casas.
Otra vez los pequeños viajan en globos, rosas, blancos y azules. Viajan por la calle, risueños, felices, como eran.
Hubo 48 campanadas en la iglesia de San José. Una por cada uno de los niños muertos que ahora marchan, con sus miradas tiernas poniendo de rodillas la democracia cuentachiles del gobierno.
No se cansan estos niños. Estuvieron por la mañana en el Distrito Federal, donde aprendieron nuevas consignas: “Señora Hinojosa, por qué parió esa cosa”. “Son los asesinos, Bours y Los Pinos”.
Y ahora van bajando al corazón, al centro histórico de Hermosillo.
Marchan, pero ahora son más. Se suma la niña que en su frente morena tiene escrita la palabra “Justicia” en letras blancas.


III
Los Niños de Hermosillo son poderosos. Convocan a todos.
Estremecen el corazón y el asfalto con sus pasos. Los de 48 niños que murieron “para ayudarnos a encontrarle sentido a la vida”, como dijo una madre.
“Se terminó el futuro de Sonora”, reza una cartulina sostenida por una joven señora que porta, como otros miles que se van sumando, un moño negro en su ropa.
En la gasolinera El Gallo está a punto de suceder un altercado. Unos jóvenes comienzan a desdoblar una gran lona con la imagen del gobernador y la leyenda: “Que gobierne la justicia. Fuera Bours”.
Discuten con los organizadores y terminan incorporándose al final de la marcha.
“Yeyé, estás en el cielo, ¿Y la justicia dónde está?”, reza otra pancarta.
Otra vez va Ximena en el tatuaje de su padre, Julián el superhéroe; Xiunelth en las manos de su padre, acompañado de una leyenda: “Mi niño, cada día duele más tu ausencia. Malditos corruptos”.
A la cabeza de la marcha, Don Francisco López maneja la camioneta con la que su hijo abrió un par de boquetes en la guardería salvando la vida de docenas de pequeños. El Pick Up luce modificado, carroceado, equipado y decorado con un ángel que lo abraza con sus alas.
Cosecha miles de aplausos. Todo el camino está lleno de gente. Todos le aplauden cuando pasa. Le aplauden, y luego, en silencio, se van incorporando a la marcha.

IV
La marcha avanza y va sumando, va creciendo. Como nunca crece. Se ensancha el ánimo y la marcha; la solidaridad levanta las cabezas, arranca algunas sonrisas en medio de tanto llanto. Y la marcha crece más con los que la esperan y se incorporan.
Esto es un fenómeno social, coincide la maestra Catalina Soto, recién llegada de la ciudad de México, donde acompañada de algunos padres, encabezaron una marcha desde el IMSS a la representación del gobierno de Sonora en el DF.
Con ella estuvo Ofelia Medina, y miles de personas que también son padres y madres o quieren serlo. Los Niños de Hermosillo ya están tatuados en la memoria social hermosillense, y más allá.
“Gobiernos insensibles. Qué horror vivir con ustedes”, reza otra pancarta, en manos de una señora que también se suma, como se van sumando miles.

V
Axel Abraham también está de nuevo, marchando en las manos de su padre. Su imagen tiene una leyenda que sintetiza el sentido de esta marcha: “Justicia, por el amor de Dios”.
Y en medio de tanto pesar, un espacio para el humor negro: “Cárcel al cooler”, dice una cartulina que así resume su confianza en la procuración de justicia mexicana.
Va otra vez Juanito y sus truncados sueños de futbolista.
En el restaurante La Hacienda, una señora no puede más. Se desploma. Su marido la abraza y la sienta en la banqueta. Ella agacha la cara, solloza, llora. No está cansada. Está abatida de tanta muerte.
En la Plaza de los Tres Pueblos hay cientos de personas esperando. También en la Casa de la Cultura se amontonan. Y desde el Vado del Río hasta la plaza Emiliana de Zubeldía, la marcha es una congregación de voluntades impresionante.
A la altura de Palacio de Gobierno, el contingente ha rebasado las expectativas de los más optimistas. 20 mil, es el cálculo más modesto.
Pero ni siquiera pasan por el edificio de gobierno, como lo hicieron en las anteriores cuatro marchas.
Lo ignoran. Lo desdeñan. Siguen de largo hacia la plaza, sin siquiera voltear a verlo.

7:49 de la tarde del cuatro de julio de 2002. Hora exacta en que la sociedad hermosillense, diversa, plural, hermanada por el dolor anticipa lo que es capaz de hacer cuando la lastiman de ese modo.

“Señor gobernador. ¿Verdad que si a Jesucristo lo hubieran matado en Sonora, aún no se conocería al asesino?”, pregunta una muchacha en una cartulina.


VI
A las ocho de la noche, dos horas después de salir desde la guardería, la vanguardia llega a la plaza. Un río de gente inunda la parte frontal del Museo universitario. Llenan la amplia avenida del bulevar Rodríguez. Llenan la plaza.
Ha caído la noche y saberse unidos reconforta. Pero saberse mayoría agiganta el ánimo, deshace los nudos en miles de gargantas que se abren para gritar ¡No están solos! ¡No están solos!
Pancho Jaime canta, como canta él sin ese nudo, y recibe a la marcha con Mercedes Sosa: “Sólo le pido a Dios/que el dolor no me sea indiferente/que si un traidor puede más que unos cuantos/esos cuantos no lo olviden fácilmente…”.
“Dentro del dolor hay alegría. La alegría de estar juntos”, dice la maestra de ceremonias, impresionada ante la multitud reunida con un solo fin: “Aquí estamos para exigir, no para pedir que esto no quede impune”, subraya.
Desde aquí le estamos diciendo al mundo que no nos vamos a quedar callados. Que no nos vamos a cansar, agrega.

VII
La plaza se estremece cuando la poesía la toma por asalto y convoca a más poesía, para retar a la escatología política, a lo más podrido de un Estado que deja morir a los niños si eso le sale menos caro.
La poesía nace de una madre que extraña a su hijo y lo grita con el llanto en la voz.
“Tengo mi corazón lleno de amor/tengo mi cerebro lleno de recuerdos de mi hijo/ Pero tengo mis brazos vacíos”…
La plaza tiembla. El edificio del museo y biblioteca pudo haber caído derrumbado con la voz de esa madre que grita con la rabia estallando a borbotones: “Era mi único hijo. ¿Quién me lo quitó?”, se pregunta.
Y se responde: “La impunidad y la corrupción que campean en este maldito país”.
Es Patricia Duarte, madre de Andrés Alonso. También estuvo en la marcha de la ciudad de México, donde aprendió que la lucha por la justicia apenas comienza, porque el gobierno le apuesta siempre al olvido.
Y para que no se olvide, día a día, semana tras semana, mes tras mes, habremos de recordárselo: No nos dejen solos, por favor, pide con su voz entrecortada.
Hay un estrépito de aplausos y gritos que estremecen: ¡No están solos-No están solos!
Anuncia que sus reclamos llegarán a organismos internacionales, porque presume que en México no hay justicia.

VIII
Fabiola Domínguez pide “un aplauso para ustedes, por estar aquí”. Y la multitud le responde con sus palmas. También pide un aplauso para el médico legista que le dijo que su hija, sobreviviente del incendio, estaba sana, “nada más porque no la vio quemada”.
Pero la niña se ahoga en las noches; tose. Y la madre no sabe lo que aspiró aquel día de horror y fuego.
Ella exige atención médica especializada, a cargo de instituciones no estatales, pues les ha perdido la confianza.

IX
En el mitin se lee el manifiesto a la nación, del Movimiento Ciudadano 5 de junio, que nació ese día en Hermosillo, Sonora y que hoy se conoce internacionalmente, por el repudio que despierta cualquier gobierno que provoque, en una larga red de complicidades, la muerte de 48 niños.
Se lee también una carta de la senadora Rosario Robles, que algo sabe de perder a un hijo.
Canta Elisa Morales y a capela, eriza los vellos con una canción de amor y de esperanza.
También Luis Rey Moreno pide, con un poema, castigo a los culpables. Su voz es un trueno que termina en llanto.
La marcha la despide José Francisco, sobreviviente del incendio. Un pedazo de cielo que su padre carga orgulloso entre sus brazos.
El padre le alza la mano como se le levanta a un campeón, y el pequeño abre mucho sus ojos claros. No le caben en la mirada tantos hombres y mujeres juntos; niños, ancianos, jóvenes.
Todos los que estuvieron ahí, anticipando de lo que es capaz una sociedad cuando le lastiman a sus hijos.

"Los niños de Sonora también son nuestros hijos"

“Los niños de Sonora, también son nuestros hijos”
“Los asesinos están en Los Pinos”
“No seas indiferente, los niños de Sonora también son nuestra gente”
“Sonora no estás sola…”
Son algunas de las muchas consignas que se dejaron escuchar a través de la marcha que partió de las oficinas del IMMS en Reforma y concluyó en la calle Goldsmith No. 248 ante la representación del gobierno de Sonora.
Cientos, si no es que miles de personas de diversas procedencias, se dieron cita este sábado 4 de julio para manifestar abiertamente su repudio por los hechos acaecidos el pasado 5 de junio en la ciudad de Hermosillo, capital de Sonora, donde 48 vidas inocentes de entre 3 meses y 4 años de edad, se perdieron en un incendio producido por la criminal negligencia de empresarios y políticos que sacaron “raja” de la subrogación de guarderías del IMSS, montando así lucrativas empresas familiares a costa de un servicio que se supone gratuito, sin siquiera molestarse en brindar a sus “clientes” las más elementales medidas de seguridad en caso de siniestros. Estos hechos y la posterior reacción de los responsables ante esta aberración –no dar la cara, esconderse, ampararse- son elocuentísimos respecto al enorme desprecio que hombres y mujeres de poder experimentan hacia aquellos a quien, se supone, debieran servir.
Hartos de que a nuestros niños se les trate como ciudadanos de segunda, de que estén expuesto a un sistema educativo infame, diseñado a la medida de los intereses del dictador en turno y en complicidad con Elba Esther “Chucky” Gordillo… hartos de que nuestros hijos estén expuestos a pedófilos que se escudan en sus cargos políticos y eclesiásticos, de que se castigue a los periodistas que denuncian estas anomalías y no a los perpetradores del delito denunciado… hartos de que los políticos y empresarios lucren con nuestras necesidades básicas, como serían precisamente las guarderías.
La primera reacción de los reunidos ante las puertas del IMSS, fue echar con cajas destempladas a las cámaras de Televisa y TV Azteca, quienes naturalmente acudían no para informar, sino para lucrar con el morbo de los televidentes y, de paso, tergiversarlo todo, como es su costumbre. Las únicas televisoras que tuvieron acceso a la marcha fueron Canal 28 y una cadena de noticias estadounidense. Ante estas, muchas madres ofendidas, que de un modo u otro hemos sido víctimas de las canalladas de la burocracia oficialista contra nuestros hijos e hicimos nuestro el dolor de las madres y padres de los bebés sacrificados de Hermosillo, juramos que los nombres de los culpables –incluyendo el presidente Calderón y el economista Karam, que insisten en no dar a conocer las listas de propietarios de esta y otras guarderías subrogadas del país- le darían vuelta al mundo.
Gracias a que el poderío de Bour$ y CÍA no abarca la ciudad de México, la marcha se llevó a cabo en santa paz y en medio de un enorme clima de solidaridad que reunió amistosamente a un montón de desconocidos. Madres arrastrando carreolas con sus bebés de edad aproximada a las víctimas de Hermosillo, portando estos carteles con las caritas de cada una estas… enormes mantas exhibiendo los cuarenta y ocho nombres bajo la litografía de un ángel, si bien en esta marcha se les aludió como seres humanos a la espera de justicia y no como seres angelicales. Las mantas exigían también guarderías dignas de los niños mexicanos y la inmediata cancelación del oscuro mecanismo de subrogación que no es otra cosa que “privatización disimulada”.
Llegando ante las oficinas de la representación del Estado de Sonora, ante cuya entrada levantamos un altar a la memoria de los 48 bebés victimados por un estado corrupto, nos aguardaba uno de los padres afectados que brindó un discurso breve, totalmente carente de odio pero lleno de amor para con su hijo. Justicia fue su única exigencia. La multitud a su alrededor lo aplaudió a rabiar. Posteriormente, se pidió un minuto de silencio para los pequeños.
Como bien dijo una señora, que tomó el micrófono, hay que dejar de hablar de las criaturas como una cifra. Procedió entonces a leer los nombres y apellidos de cada una de las criaturas que reproducimos a continuación:

Jimena Álvarez Cota
María Magdalena Millán García
Andrea Nicole Figueroa
Emilia Fraijo Navarro
Valeria Muñoz Ramos
Sofía Martinez Robles
Fátima Sofía Moreno Escalante
Dafne Yesenia Blanco Lozoya
Ruth Nahomí Madrid Pacheco
Denisse Alejandra Figueroa Ortiz
Lucía Guadalupe Carrillo Campos
Jazmín Pamela Tapia Ruiz
Camila Fuentes Cervera
Ana Paula Acosta Jiménez
Monzerrat Granados Pérez
Pauleth Daniela Coronado Padilla
Ariadna Aragón Valenzuela
María Fernanda Miranda Hugues
Joseline Valentina Tamayo Trujillo
María Ximena Huguez Mendoza
Nayeli Estefanía González Daniel
Ximena Yanez Madrid
Yeseli Nahomi Baceli Meza
Ian Issac Martínez Valle
Santiago Corona Carranza Lemas
Axel Abraham Ángulo Cazares
Javier Ángel Merancio Valdez
Andrés Alonso García Duarte
Carlos Alán Santos Martínez
Martín Raymundo De la Cruz Armenta
Julio César Márquez Báez
Jesús Julián Valdez Rivera
Santiago de Jesús Zavala
Daniel Alberto Gayzueta Cabanillas
Xiuneth Emmanuel Rodríguez García
Aquiles Drenet Hernández Márquez
Daniel Rafael Navarro Valenzuela
Juan Carlos Rodríguez Othón
Germán Paúl León Vázquez
Bryan Alexander Méndez García
Jesús Antonio Chambert López
Luis Denzel Durazo López
Daré Omar Valenzuela Contreras
Jonathan Jesús De los Reyes Luna
Daniela Guadalupe Reyes Carreta.

La revista Emequis dedicó su portada de esta semana (179) a los bebés muertos por negligencia criminal en Hermosillo. En el interior, junto a cada uno de los retratos, sus padres escriben una biografía (muy breve, por supuesto), de cada uno de ellos. Lo que se lee junto a la foto de la muy sonriente Emilia Fraijo Navarro, de 3 años, 2 meses y 18 días, resulta muy explicativo respecto al modus operandi del gobernador que pretende tapar el sol con un dedo: “ (el padre de Emilia) acaba de rechazar la propuesta del gobernador Eduardo Bours: un millón y medio para los deudos, pero condicionado a que todos se desistan de demandar; Abraham (papá de Emilia) le dijo: “Gober: si su hijo vale millón y medio, está bien, es su bronca, pero voy a pichársela: yo le doy el millón y medio o más, si quiere, a cambio de que queme a uno de sus hijos.”
Sin comentarios…

El Imparcial le "sacateó", y sin embargo...

Hace un par de semanas elaboré una carta abierta dirigida al Ing. Bours, Gobernador de Sonora, para manifestar mi indignación e impotencia por los hechos del 5 de junio que conmovieron al mundo entero, excepto, parece ser, a los involucrados. Dicha carta la escribí para el diario sonorense El Imparcial -del que fui colaboradora durante un par de años hasta que le dieron "golpe de Estado" al suplemento Perfiles- y cuyos directivos, por supuesto, se hicieron los occisos y jamás la publicaron. Me confíe pues dicho diario ha sido, desde sus inicios, de adherencia abiertamente panista. Cosas raras de la vida: los intereses económicos desconocen filiación de cualquier índole.
Sin embargo, y qué bueno, ha sido reproducida en diversos medios. Bendito Internet. Aquí las ligas:
http://mx.groups.yahoo.com/group/ciudadanos_en_red/message/5121
http://www.razonesdeser.com/vernota.asp?d=19&m=6&a=2009&notaid=64160
http://www.contactox.net/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=1989http://luislarios.blogspot.com/2009/06/carta-abierta-eduardo-bours.html
Y los que se acumulen. Muchas gracias...