Este era un gato con los pies de trapo y los ojos al revés...¿quieres que te lo cuente otra vez?


Nota: El señor de en medio, que realiza un esfuerzo ostensible por apapachar a Doña Consuelo Sáizar, no es Don Corleone, mucho menos Marlon Brando...es José de la Colina.

Todos los años es el mismo espectáculo. Tan anodino y mecánico, que me permitiré usar incisos para no ocupar demasiado espacio en explicaciones:
1) Aparece la convoctoria del Sistema Nacional de Creadores, 2) Una se ilusiona, se dice "mi curriculum se ha engrosando tanto y he sacado varios nuevos libros, ahora sí tienen que considerarme digna de otorgarme una beca, 3) Pierde uno varias horas -días, semanas- de su tiempo; tiempo y dinero re-arreglando los cada vez más tupidos engargolados que contienen las reseñas y críticas de prensa de tu trabajo, generalmente elogiosas; las constancias de tus premios, fragmentos de tesis realizadas sobre tu obra en universidades del extranjero (Australia y Nueva York), etcétera, etctera. La solicitud te exige llevar este material por triplicado, lo mismo que tus libros (3 ejemplares de cada uno). Como la producción ha ido en aumento, cada año es más grande la maleta de rueditas con la que te desplazas hasta las oficinas del FONCA de Donceles y te sometes -como en toda buena burocracia- al ritual de recibir una ficha y aguardar tu turno.
(Perdón por este inciso, que ha sido demasiado largo)
3) Te sometes al interrogatorio, te liberas de la carga (porque es una carga traer a cuestas todo ese equipaje de libros), sales liberado de las oficinas del FONCA y con la sensación de "ahora sí, no hay vuelta de hoja, me la tienen que dar.
4) Pasan los meses. Por fin se hace publica la lista de beneficiarios, en las que, obviamente, una no está. ¿A quienes tenemos allí?
(Abro otros incisos, ustedes disculpen)
a)A los mismos de siempre. Con esto no trato de decir que sean escritores de quinta, al contrario. Este año en particular, el 90% son realmente talentosos. El problema estriba en que la beca va y vuelve a sus manos, una y otra y otra vez. Algunos de ellos la han obtenido seis, siete veces...¿por qué pasa esto? ¿Por qué las becas parecieran estar reservadas para las mismas personas?
¡Sencillo!
Porque los jurados también se reciclan una y otra vez. Siempre son los mismos que reparten los beneficios, ergo: tienen que ser los mismos quienes las reciban.
Naturalmente, en vista de que estamos en el país de la transparencia, hay que disimular un tantito, poquito nada más, para que luego no digan que los honorables miembros del jurado carecen de originalidad y conocimiento de otros escritores que no sean los que vemos hasta en la sopa...y es donde entra el inciso B del segundo tipo de beneficiarios de estas prebendas gubernamentales
b) Se la doy a mi compadrito. Caso específico: José de la Colina otorga la beca a su bienamado José Homero, un poeta que poco ha hecho por la vida, excepto publicar un par de libros francamente mediocres...perdón, "vanguardistas" (el eufemismo con que se tiende a tapar deficientes conocimientos en poética y métrica de algunos autodeclarados "poetas") y servirle de valet del propio señor de la Colina, cuya prepotencia y despotismo tuve oportunidad de sufrir cuando era una jovenzuela a quien le llegó a arrojar unos papeles a la cara: (Por cierto: se trataba de una entrevista con Mario Bellatin, otro de los jurados, a quien se refirió en términos más que peyorativos...pues sí, Mario, todavía no eras tan famoso).
c) Metemos, como con calzador, al protitípico poetita "de provincia" que apenas conocen en su tierra -y a veces ni en su tierra, solo sus amigos, no tiene lectores-que dista de ser el genio en huaraches que México esperaba, pero sabe hacer muy buenas relaciones públicas (beber, beber y beber). Y en su estado de origen cuenta con las influencias suficientes para agazajar a las personas convenientes -jurados de beca-cuando se dan una vueltecita por aquellos rumbos. Naturalmente, a este poetita oficialista, acreditado, influyente y bien dispuesto para la pachanga y "las mujeres", hay que agradecerle sus atenciones con una beca del Sistema Nacional de Creadores, aunque apenas tenga un par de libros en su haber, ningún premio y -obvio-cero tesis dedicadas a su obra poética.

(¡Ah, se me olvidaba!...elogiar a los críticos de la oficialidad, que son a su vez multibecarios, es otro excelente recurso para estar en el cuadro de Honor del Tío Gamboín)

El cuento todavía no termina. Cientos de aspirantes -dudo ser la única-, algunos, la mayoría de ellos, viejos y enfermos, con impresionantes trayectorias, traducidos a varios idiomas (aquí sí no puedo presumir tanto: solo me han traducido al inglés y próximamente al polaco), deberán retornar a partir del 16 de agosto a las oficinas del FONCA a recoger el material que tuvieron que proponer para ganarse una ficha de participante. Yo, al menos, no pienso dejarles a los burócratas mi curriculum y mucho menos mis ejemplares de Sho-shan para que nivelen con ellos una silla coja.
Yo juré, en esta misma página, que esta vez no me quedaría callada, ni dejaría caer los brazos resignada y empiezo por expresar mi indignación rabiosa en mi propio blog.
La situación cultural de México se parece cada vez más a la de China. Esto lo sé de sobra porque he realizado un exhaustivo estudio de la literatura china y de sus autores. Da la casualidad que aquellos autores chinos que conocemos, que triunfan a nivel mundial, que han obtenido premios prestigiados -como el Nobel de Literatura Gao Xinjian- son considerados auténticos parias en su lugar de origen, al grado de tener que radicar en países diversos y escribir en lenguas que no son la propia. China se carateriza -¡oh casualidad!- por becar jugosamente a los escritores afines al régimen. La única diferencia entre los becarios chinos y los mexicanos, es que a los primeros los premian por sus elogios al régimen; por escribir libros donde se exaltan las bondades del comunismo y se omiten las canalladas flagrantes del gobierno contra un pueblo oprimido y vejado. China es un mundo orwelliano, mientras México es absolutamente kafkiano: lo que en México se premia es el silencio; el no pronunciarte respecto a asuntos tan dolorosos como la llamada guerra contra el narco que es realidad una masacre contra los ciudadanos o los niños quemados de la guardería ABC...o cualquiera de esos temas sensibles que tan incómodos hacen sentir al Señor Presidente y a sus súbditos (porque Calderón no se rodea de secretarios de estado, sino de subditos)
Hay algo que siempre agradeceré, por brutal sea: la sinceridad. Es mucho más fácil reponerse de eso que recuperar horas valiosísimas que pudiste haber empleado en hacer algo de provecho. ¿Por qué nos hacen perder el tiempo a tantísima gente año con año? ¿Para qué burlarse de nosotros más de lo que de suyo lo hacen quienes desgobiernan este país? Por favor, por favor....publiquen su lista negra. Los artistas que NO obtendrán la beca; que ni lo intenten, que ni se acerquen, por favor. No pierdan tiempo, dinero y esfuerzo (que vaya que gasta uno en fotocopias, todo un dispendio), es inútil, de aquí no van a sacar un lápiz. Si al menos nos concedieran esa gracia. Si al menos tuvieran un poquito de respeto-y piedad-por aquellos que no hemos sabido crear relaciones públicas por pasarnos la vida encerrados,escribiendo...o no tuvimos la dicha de nacer en el seno de una familia de intelectuales prestigiados, muy amigos entre sí y, en sí mismos, muy amigos del poder....pugnaré ya no porque el reparto de las becas sea justo, esto sería una pérdida de tiempo aún mayor... PUGNARÉ para que, como en China, publiquen la lista negra...sí, en eso nos ganan los chinos: disuelven de antemano las ilusiones de los apestados del régimen y no se burlan tan grotescamente de ellos. Bastante tienen con ser perseguidos y censurados, ¿no?

Nosotros, por nuestra parte, pagamos impuestos, azuzados por un auténtico terrorismo fiscal que no se veía desde los tiempos de Sheriff de Nottingham...y todo para que solo unos cuantos disfruten los beneficios....porque cuando llevo a mi hija pequeña al hospital no tengo derecho ni a ahorrarme las jeringas: hasta las vendas y los curitas salen de mi bolsillo.

Cuando la moda es un asco....


Esta podría ser una buena campaña publicitaria para MAC, la compañía que se han "inspirado" en las "Muertas de Juárez" para sacar a la venta una línea de cosméticos:

¿Te gustaría lucir como una "muerta de Juarez"?

Ya que ser una auténtica Muerta puede resultar muy doloroso -o simplemente no resultar- ¿qué tal si te aplicas nuestro polvo compacto "Factory" que te hará lucir fatigada, decepcionada y con ese inconfundible toque de palidez en el rostro que distingue a las mujeres que además de ser explotadas y manoseadas en sus lugares de trabajo, no tienen la certeza de que ese día regresarán vivas a sus casas?

El juego de sombras "Bordertown" combina los tonos precisos de las mujeres acorraladas: negro para simular ojeras; violeta para brindar la profundidad que otorgan los puños de un macho embravecido y, por supuesto, blanco en los párpados para que, combinados con los otros dos tonos, aparentes estar medio muerta y, mejor aún, cansada de vivir perseguida como un perro rabioso.

El rubor "Quinceañera" te restará edad, que es lo que anhela toda mujer...y hará creer a los machos violentos que eres la carnada exquisita que esperaban. Te volverá más "mordible" ante sus ávidos ojos y acentuará tu vulnerabilidad, cosa que, ya sabemos, embellece a las víctimas propiciatorias.

El esmalte de uñas "Juárez" tiene la especial característica de que se puede aplicar rebasando la cutícula y es de un rojo casi negro, de tal suerte que parezca que te han machado los dedos o, mejor aún, que tú misma te los has mordido para soportar el dolor de ser mujer (porque es eso, y no otra cosa, el motivo por el cual te están vejando en ese preciso instante)

La compañía MAC ha prometido sacar próximamente al mercado cosméticos complementarios para el cuerpo, aunque todavía no saben qué nombre ponerle a la pinturita con que se bordearán los pezones para crear la ilusión de que te han sido arrancados a mordidas....¿qué tal...néctar? o...¿sangre dulce?

Yo por lo pronto, escupiría el rostro de cualquier mujer que osara llevar alguna de estas porquerías, empezando por las señoritas anoréxicas de las fotos que no tuvieron que esforzarse demasiado para parecer auténticas muertas...y no asesinadas.

P:D: Después de esto podemos esperar que algún mal nacido saque una línea de juguetes inflamables marca ABC... o una muñequita Barbie con camita desplegable llamada Paulette, acompañada de un juego de mesa: Adivina quién me mató...


Tinta Seca Número 100

Agradezco a mi admirado Miguel Ángel Muñoz, poeta y crítico de artes plásticas, el envío del número 100 de su revista Tinta seca que, contra viento y marea, y a pesar de los obstáculos, que son muchos, y muy crueles para quienes desean hacer cultura seria y desinteresada en México, secuestrado hasta en este rubro, alcanza este número significativo y por demás loable, que celebra con un volumen doble y un contenido extraordinario. Hasta donde sé, y creo que puedo firmarlo, las grandes firmas que por lo general acompañan en su hazaña editorial a Miguel Ángel, aportan colaboraciones exclusivas, y en el caso de este número celebratorio se pueden leer, entre otros, a Juan Goytisolo, Enrique Vila-Matas, Fabienne Bradu, Saul Ibargoyen, Alain Tourraine, Adolfo Castañón, Adonis, entre muchos otros de similar estatura.
Tinta seca se edita en la ciudad de Cuernavaca y tiene un precio de $35.00 (un verdadero regalo si lo comparamos con otras revistas "culturales" que son más bien la Death note de niños jugando a ser críticos literarios, y cuestan un ojo de la cara). Los interesados pueden ponerse en contacto con su director, Miguel Angel Muñoz, a la dirección miguelamunozpalos@prodigy.net.mx
Y gracias desde aquí, Miguel.

Peregrinaje en la nueva ciudad

Por: Miguel Ángel Quemain

Escribo este prólogo sorprendido por la imaginación y la capacidad indagatoria de la narradora y ensayista Eve Gil para encontrarse a sí misma en la literatura y en lo que tiene de literaria la vida de los escritores(as), la existencia de un conjunto de sujetos cuya vida y obra se oscureció al paso del tiempo, quiero decir, del devenir histórico, muchos hoy reeditados y comentados como piezas excéntricas y curiosidades literarias con ánimo de rescate y actualización.

La ciudad de las damas es un libro atravesado por la particularidad de lo femenino, de las mujeres que escriben, escribieron y muy tarde, su obra fue comentada o reconocida a la luz de esa especie de saltos históricos que permiten leer una ficción cuarenta o cincuenta años después para encontrarla atractiva y actual, según los cánones de los lectores postreros o de exhumadores con vocación filológica que intentaban recomponer el mapa literario del pasado incluyendo a criaturas y composiciones cuyo significado no modifica nuestro presente.

La nueva ciudad de las damas, de Eve Gil ofrece una de las posibles respuestas sobre el modo en que una sociedad y un paisaje cultural oculta en un tapiz de silencio obras y vidas que insisten en extender un llamado hacia el futuro.

La particularidad de lo femenino en lo literario y vital, cuando se recorren escalas de tiempo tan amplias como las que nos presenta Eve Gil, me parece que son fundamentalmente el objeto de una sociología y una historia de la literatura.

Volcar sobre ellos una mirada crítica implica desmontar operaciones complejas sobre los procedimientos artísticos, que constituyen una especie de historia íntima de la literatura, distinta pienso, a la historia de los hechos literarios que involucran al conjunto de la época.

La historia de los recursos literarios descubiertos, intervenidos, modificados, el enfrentamiento del autor con la palabra, el manejo del tiempo, la invención, construcción del espacio exige la convergencia de un conjunto de ópticas (¿herramientas?) complementarias como la filosofía, la psicología profunda, la antropología y una forma particular, tan cerca de los franceses, que da cuenta del desarrollo de las subjetividades.

La nueva ciudad de las damas es un prontuario de la diversidad. El recuento de autoras que se extinguieron en la memoria de finales del siglo XX y principios del presente siglo es meritorio. Sobre todo por la riqueza de asociaciones, analogías y comparaciones con escritores y obras que se resisten al olvido.

Eve Gil, le ha jugado una mala pasada al tiempo al rehusarse a cumplir sus designios de olvido y desmemoria. El tiempo, que ni cura ni mata, sólo verifica, glosando al gran poeta Gerardo Deniz, nos entrega un mapa literario en hebras que angustian a nuestra ensayista que insiste con ánimo justiciero en borrar los olvido aludiendo a múltiples recursos: por ejemplo, señalando falta de reconocimiento a múltiples méritos atribuibles a muchas de estas ciudadanas de la letra; o indicando si fue la primera en tocar tal o cual tema, o si utilizó primero que nadie determinado recurso, o por su capacidad o inteligencia.

Me parece que detrás de esta vocación espartana está la temida pregunta sobre las razones del olvido, que sin duda podrían incluirnos a todos nosotros y, sin posibilidad de oponer la menor resistencia a nuestra voluntad trascendente, quedar sepultados en un océano de datos, referencias que ya no significarán nada en cuarenta o cincuenta años más.

¿Que será de nosotros, de nuestro presente y nuestro deseo de inmortalidad? Es una pregunta que se convierte en el negativo de este enjundioso trabajo periodístico, ensayístico, de investigación y crítica literaria.

La ciudad de las damas se inscribe en una rica tradición de divulgación y reflexión literaria tal como lo ha hecho José Emilio Pacheco desde su Inventario, por ejemplo, ese faro que orienta a través de dos siglos de literatura mexicana; el trabajo crítico y de divulgación de Emmanuel Carballo; de Carlos Monsiváis, de José Luis Martínez, Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Sergio Pitol, Inés Arredondo, Alfonso Reyes, Huberto Bátiz, José Joaquín Blanco, Luis Miguel Aguilar, Guillermo Sheridan, Mauricio Molina, entre los más descollantes y preocupados por dibujar un mapa de las literaturas ajenas y propias.

Como Eve Gil, algunos de los escritores mencionados han indagado en literaturas que responden a sus afinidades electivas en términos de una tradición a la cual afiliarse y encontrar/ofrecer las respuestas, inconscientes o no, a sus propios deseos, intereses e indagaciones literarias.

Es el caso de Pitol que se encuentra en las literaturas del Este y en el mundo anglosajón, Elizondo en el francés y García Ponce en el alemán. Eve Gil lo hace ahora con diversas tradiciones pero con una pasión evidente por la literatura japonesa y medieval.

En los tres primeros ensayos del libro está escrita su carta de creencia y sus afinidades con una tradición que intenta construirse a partir de un pasado lejano en el tiempo, pero cercano en sus guiños y ofertas innovadoras (para los lectores de hoy) que no encontraron eco en el pasado (Hildegard, Pizán, Murasaki) o al menos no se le impusieron a la influencia abrumadora y permanente de Cervantes y Shakespeare .

La ciudad de las damas es un libro que permite varias posibilidades de lectura al modo de un diccionario de escritores, de un breve diccionario enciclopédico donde encontrarán temas fundamentales de la literaturas del siglo XX; como una novela por entrega en la que transcurren varias vidas tanto luminosas como desgraciadas, como un recuento de obras de obligada lectura para quien quiera entender nuestro pasado literario mediato e inmediato y reflexionar sobre las posibilidades temáticas y técnicas que aguardan en este nuevo siglo. En fin, es un libro que suscita también un espíritu polémico por su concepción de lo femenino, tanto en sus correspondencias éticas, políticas y artísticas.

Es un libro que aguardará a Eve Gil en lo relacionado a su propio futuro literario y a sus indagaciones artísticas. Este libro estará pasado mañana para verificar, decir y desdecir sobre el desarrollo de un pensamiento in progress, inacabado, infinito, pleno de curiosidad y fuerza indagatoria.

El lector podrá advertir que tiene en sus manos un libro valiente y arriesgado que ensaya el comentario breve sobre verdaderos movimientos de la literatura del siglo XX, que han sido explorados por grandes académicos, sabios fundamentales y artistas de diversos géneros. Eve no sólo se da a la tarea de llenar los huecos de nuestra vasta ignorancia sino también de trazar opiniones audaces y desafiantes sobre autores tan conocidos como Lagerlof, Virginia Woolf, Gabriela Mistral y toda la cauda de premios Nobel, reconocidos y olvidados.

Hay que decir que hay aspectos que seguramente serán señalados por un amplio conjunto de lectores: el trazo de una historia por armar a partir de las múltiples referencias cruzadas que recorren el libro; la preocupación por consignar a varias autoras que parecen justificar su presencia por haber obtenido el Premio Nobel y un aspecto que me parece se le exigirá en futuras ediciones: un apartado referencial que dé cuenta del trabajo de investigación documental y bibliográfico que se extraña, sobre todo por la posibilidad que tendrá el lector de ampliar los temas que más le interesan.

Muchos de nuestros grandes escritores, al menos en la tradición que conocemos como occidental, se han preocupado por dejar la huella de sus lecturas, pasiones e influencias literarias. Eve Gil no es una excepción. Son pistas que ofrece para los lectores interesados en sus ficciones, señales de gran riqueza conceptual y literaria, Pero hay que tener cuidado de reconocerlas y diferenciarlas de aquellas que profesan admiración y al mismo tiempo distancia frente a otras búsquedas artísticas.

El conjunto de ensayos emprendidos dará más libros, configuran ya más de 300, colocados en una abigarrada y compleja ciudad donde muchas calles, como la de Amsterdam, en la colonia Roma de la ciudad de México, se despliegan en círculo y un paseante distraído puede dejar de notar que ha pasado dos veces por el mismo lugar. Es una ciudad nueva, efectivamente, pero sus trazos hacen reconocibles y retransitables viejos y andados caminos.

Decepción patológica

¿Es posible confundir un estado de profunda decepción con depresión?
Nunca sino hasta ahora me había preguntado esto. El recuento de los síntomas de mi actual estado de ánimo, podrían hacer que cualquiera me diagnostique una depresión marca diablo. El problema conmigo es que el síntoma más significativo de este cuadro está ausente en mí: trabajo sin cuartel y lo disfruto muchísimo. De hecho, es este mundo creado por mí lo que en cierto modo juega el papel de búnker contra el bombardeo de afuera, ese lugar que me es cada vez más ajeno, más ingrato.
Esto, por supuesto, abarca la situación política que afecta a nuestro país, convertido en tierra de nadie, cada día más próximo a la anarquía y más lejos de la tan cacareada Democracia que ha terminado por convertirse en la palabra más detestada, por lo que a mí respecta. Pero también está lo otro. Lo que indirectamente se relaciona con lo que soy, con lo que hago y con mi vida en general.
No, creo que no estoy enferma de depresión, sino de decepción. Al menos en mi caso, la decepción se ha tornado patológica. Tiene sus ventajas. La decepción es como la varicela. Cuando te decepcionas de algo o de alguien, y tras convalecer largamente a consecuencia de la trastada y arrancarte las costras -que sin duda dejan cicatrices, souvenirs-difícilmente volverás a decepcionarte porque dejas de creer. El esceptisismo, mucho más sabio que la esperanza, se instala en tu sistema inmune y te vacuna contra otro posible golpazo de la vida que te haga tambalear como me he tambaleado yo. Quiero creer, o al menos así lo siento y creo, que estoy vacunada
Y estar vacunado contra la confianza puede ser, cierto, motivo de depresión. Pero en mi caso particular no es tristeza ni desesperanza lo que experimento, sino un profundo cansancio, una flojera infinita que solo el trabajo consigue aliviar.
Estos síntomas los vengo experimentando desde hace buen rato. No es nada nuevo. Pero, siguiendo con los símiles patológicos, la decepción no se manifiesta apenas instalarse. Se trata de un proceso largo, un tumor que empieza a crecer, a nutrirse de diversas circunstancias, hasta que estalla y te invade de una imperiosa necesidad -y ustedes perdonen que se tan enfática-de mandar al mundo entero a chingar a su madre
He aquí los síntomas de mi decepción patológica. Si alguien más los comparte, mucho les agradeceré compartirlo conmigo para no sentirme sola en el mundo.

Fobias.- Le he agarrado manía a cosas que antes me apasionaban o, mínimo, me divertían. En primer lugar las presentaciones de libros. Ante estos espectáculos -no sé como llamarlos- he terminado por sentirme como un cura apóstata. Alguna vez escribí sobre un cura apóstata, mucho antes de experimentar esa emoción, y lo describí de la siguiente manera: una mañana cualquiera se despierta y cuando acude a oficiar a misa descubre, no sin angustia, que lo que está diciendo ha perdido sentido; que el fervor ha cedido lugar a la duda y que las palabras brotan mecanicamente de su garganta, sin rozar siquiera su corazón. Pues bueno, no recuerdo en qué momento, en qué lugar, frente a qué autor, me percaté de que no quería más estar allí, de que no tenía deseos de volver a participar de farsa semejante, aunque fuera en plan de espectador (nunca he sido hipócrita al presentar un libro. La vida ha sido generosa conmigo en ese sentido porque nunca me he visto obligar a presentar un libro que no me guste aunque sea un poquito). Lo que sí tengo presentísimo es el momento en que estando yo en el lugar que típicamente ocupan los autores de los libros presentados -en medio de la mesa- escuché a uno de mis presentadores proferir una sarta de incoherencias que me hicieron ver que no había leído el libro, y que llenaba el hueco de su absoluta ignorancia respecto a mi novela con sesudas explicaciones respecto a la estética del cómic y otras cosas que no tenían nada que ver con la novela en cuestión. Si no fuera porque ese mismo día se me acercó una querida amiga llamada Lupita a obsequiarme un CD de Patricia Kass, habría montado en cólera ahí mismo. Mi frase al salir de allí en compañía de mi esposo, mi hija y algunos amigos, fue: "Nunca...Jamás en la vida volveré a permitir que presenten un libro mío. Yo les presento a ustedes lo que quieran, pero mis libros no vuelven a ser objeto de una falta de respeto semejante."
Ese es el origen de las famosas presentaciones cosplay de Sho-shan y la dama oscura. Solo yo y el amigo que quiera disfrazarse. No importa que no sea el escritor del momento....vaya, ni siquiera que sea escritor (mis presentadores han sido en su mayoría actores) y con ello atraigo al público que realmente me interesa (aunque en la Feria del Palacio de Minería fueron sacrificados muchos jovencitos que sinceramente deseaban estar allí, para darle prioridad a algunos adultos cara dura que hace mucho se olvidaron de los Caballeros del Zodiaco y no tenían por qué diablos estar ahí)
Mi fobia ha alcanzado niveles críticos: no acudí a la presentación del más reciente -y él afirma que último, no le creo-libro de mi autor favorito, Sergio Pitol. Esto significa que estoy grave. Y lo peor es que todavía no se inventa una palabreja -que no sea agarofobia- para clasificar a los fóbicos a las presentaciones de libros. Lo peor es que ni siquiera puedo explicar con coherencia por qué ya no soporto este tipo de eventos (quería evitar la palabra "eventos" porque dicen que la empleamos mal, pero "show" puede sonar ofensiva). Hipocresía y zalamería la hay en todos lados, así que no, no es por eso....
Otra fobia que he desarrollado, más grave aún porque tiene relación directa con la parte técnica de mi trabajo (sí, hasta mi maravilloso trabajo tiene su parte técnica y burocrática) es, en orden de importancia, al ridículo twitter, al veleidoso facebook...¡y al correo electrónico!
Olvidé mencionar los teléfonos, pero a esos se les silencia y se acabó. Los otros -al menos el facebook y el correo electrónico- son de a huevis.
Sobre el twitter solo puedo decir que es el invento más inútil de lo que va del siglo; que no le veo la menor gracia a estar leyendo letreros, anuncios y confesiones que no me incumben.
El facebook parecía interesante. No solo eso: me volví adicta a él -a mi favor solo puedo decir que contestaba cuestionarios para ver a qué personaje histórico me parecía más y ese tipo de mamarrachadas, pero nunca jugué Mafia wars ni abrí una granjita-; pasaba largas horas enterándome de la vida y milagros de un montón de gente (los escritores somos chismosos por naturaleza, lo cual queda plenamente justificado pues son los chismes nuestra principal fuente de creación), pero de pronto este paraíso se volvió más poblado que el infierno y empezaron los problemas. Mis amigos iniciales fueron quedando resagados -quién sabe si por culpa suya o mía, pero es lo de menos -y varios nuevos empezaron a requerir mi amistad, y de cada cincuenta solicitudes a veces no conozco a ninguno o, si bien me va, a uno o dos. No entiendo, no me cabe en la cabeza cómo es posible que alguien pida -exija en casos extremos- tu amistad sin siquiera mandarte un mensajito para explicarte qué busca de ti. Cuando al principio yo solicitaba la amistad de mis escritores favoritos, particularmente los españoles, les hacía saber que era su lectora y los admiraba, y no hubo uno que no me diera de alta. Pero yo debo estar revisando uno por uno a l@as individu@s perfectamente desconocidos que se aparecen de pronto....y tras haber lidiado con una respetable cantidad de psicópatas he tenido que extremar mis precauciones, por lo que recientemente, y a falta de tiempo, he tomado la firme decisión de dar de alta solo a aquellos que acompañen a su petición un mensaje explicándome por qué quieren mi amistad y, por supuesto, a aquellos que conozco bien.
Pero eso no es lo peor...lo peor es que siempre que intento iniciar un diálogo en mi estado, nunca falta alguien que realice un comentario idiota, ofensivo, proselitita o que ni al caso. ¿Por qué ese empeño de opinar sobre lo que no se sabe? ¿Por qué he de permitir que mi mural se convierta en vertedero de frustracones, propaganda política, calumnias contra terceras personas y cosas por el estilo? ¿Por qué solicita mi amistad gente que no sabe un carajo quién soy y por qué digo lo que digo? No lo entiendo, por Dios que no...y lo peor es que esas personas a las que ni siquiera conozco -ni me conocen -sacan la peor parte de mí que es la intolerancia. Son más los contactos que borro que los que doy de alta.

Reacciones.- Desconfianza. Y no hablo solo de la natural desconfianza de quien no permite el paso a su sacrosanto hogar a los encuestadores acreditados del INEGI o que prefiere inmolar su celular antes que aportar sus datos personales a Sabe-Dios-Quien. Es algo peor: desconfianza a quienes creías tus amigos.
Por supuesto, soy bendita por amigos de comprobada lealtad a quienes no incluyo en este apartado, y ell@s tienen que saber quiénes son. Me refiero a gente con los que empezaba a profundizar una amistad que aparentaba ser sincera y de pronto...¡pácatelas!...hacen o dicen algo que te hace ver con absoluta claridad que no son....que nunca han sido tus amigos.
Hay gente muy aguantadora, particularmente si el amigo en cuestión es (o empieza a ser) influyente. A muchos podrá parecerle una exageración de mi parte, por ejemplo, que haya borrado (metafóricamente) de mi lista de afectos a un amigo que, en vez de darme las gracias por haber sacado la cara por él, convirtió ese mismo espacio donde lo defendí de un pelagatos que se ensañó con su libro para agarrarse con el susodicho a madrazos virtuales. Y de su ronco pecho nunca escuché un "gracias" por haberme puesto claramente de su lado cuando le llovió caca a raudales.
Por eso digo que soy intolerante: porque basta UN SOLO ACTO de ingratitud para ahuyentarme. Pero en fin, eso me ha enseñado la más importante lección de mi vida: nunca más meter las manos al fuego por alguien cuya amistad no sea un hecho plenamente comprobado. Nunca más dar consejos no solicitados (ese es otro de mis horribles defectos: mi supra desarrollado instinto maternal) y, de plano, coserme el pico cuando experimente la imperiosa necesidad de dar la cara por "un amigo" (o amiga) que se siente tan por encima del resto del mundo que no es capaz de escribirte para darte las Gracias (por amor de Dios, si hasta Ricardo Piglia, Juan Villoro, Enrique Serna y el desaparecido Monsiváis tuvieron la gentileza de escribirme o llamarme para agradecerme reseñas que hice de sus libros, y no tenían obligación de hacerlo porque no se trataba de defenderlos, sino simplemente de comentarlos)
Pero también hay otra clase de decepciones extra literarios: amigos que están metiendo horrible la pata en su vida privada y tú intentas hacerles ver que se están viendo mal, pésimo, y ellos suponen, en el acto, que lo que tú tienes es envidia o deseos de chingar. Y hasta se inventan historias inverosímiles de por qué les estás previniendo cotra determinadas circunstancias, porque muchas veces el orgullo y la vanidad sobrepasan el elemental respeto que debieras tenerle a alguien que te ha brindado más de una muestra de cariño. Es aquí donde cobra sentido la frase "Con estos amigos, para qué quiero enemigos". 
Por consiguiente he decidido que solo aconsejaré a personas que lo soliciten explícitamente...y a mis hijas, mientras sean niñas y me necesiten. Ni modo: hay amistades que no pasan la prueba más barata y elemental. Y uno no tiene por qué tolerar que lo traten como a un tarado que no sabe lo que dice...o que sí lo sabe y lleva una segunda aviesa intención en sus palabras.
Pues bien, estoy decepcionada de la llamada vida cultural; de los amigos que consideran que la amistad de una "grilla" como yo no les conviene y optan por hacer como que no me conocen; de las presentaciones de libros que no están hechas para convencer al público de leer al autor presentado, sino para hacer relaciones públicas y pavonearse entre la crema y nata con intenciones extra literarias; decepcionada de gente que yo creía inteligente y a la hora de la hora, me monta el Cirque du Soleil de la imbecilidad; de perder mi tiempo intentando hacer reaccionar a la gente y recibiendo a cambio majaderías; de que se me exija fingir lo que no soy (y lo que no soy es una escritora mamona); de que insulten mi inteligencia y la de mis verdaderos amigos con exhibiciones de vedetismo intelectualoide; de que gente que no sabe quién diablos soy me busque solo porque ven la foto de una mujer rubia fumando un puro; de que todo el tiempo me pongan al centro de discursiones bizantinas sobre reverendas pendejadas....
La lista de las cosas que me cansan es tan, pero tan extensa, que esa sí prefiero ahorrármela...con su permiso....